lunes, 8 de abril de 2013

Dar y recibir nos engrandece

Por Ernesto Partida Pedroza/Agencia MANL

Siempre se nos ha dicho que es más importante y más placentero dar que recibir. Lo dice la Biblia y los grandes pensadores.
El problema es que la educación y la cultura nos enseñan solo a recibir y eso hace que nos resistamos a dar.
La misma constitución nos habla en los primeros 39 artículos sobre las garantías individuales, es decir, los derechos y el resto del texto nos habla de qué manera se conforma el estado mexicano, ¿Y en donde están las obligaciones?
A cada derecho debe corresponder una obligación.
Para que pueda haber derechos debe existir alguien que cumpla con las obligaciones.
El artículo tercero habla de que la educación debe ser gratuita, nada en esta vida es gratuito, lo que se gasta en la educación alguien lo pagó.
Por supuesto que hay millones de familias que no pueden pagar la educación en su momento, pero precisamente para eso debe ser la educación, para enseñar a dar a partir de lo que se tiene y después corresponder a lo que se ha recibido.
Esa es la mecánica de los pueblos que progresan, dar y recibir.
Los políticos llegan a las comunidades y prometen que van a dar multitud de cosas que al final de cuentas, no están en posibilidades de dar.
Lo ideal es no necesitar a los políticos, pero si no hubiera necesidad de ellos, deberían pedir algo al pueblo para que pudieran recibir algo a cambio.
Una sociedad sana necesariamente tiene un intercambio entre dar y recibir.
Dar sin recibir algo a cambio se convierte en un mecanismo de control y sumisión.
Dar sin recibir algo a cambio detiene el crecimiento de quien solo recibe.
Dar y recibir propicia el crecimiento de quien da y recibe.
Todos estamos en posibilidades de dar, hasta el más pobre.
Solo recibir nos empequeñece.
Todos los servicios tienen un costo, exigir gratuidad implica el no reconocimiento del esfuerzo que hace quien da el servicio y detiene el crecimiento de todos.
Un recién nacido nos da su sonrisa y con eso ya nos pagó.
Conforme va creciendo el niño, deberá no solo recoger la ropa de su cuarto, sino tambien es recomendable que empiece a contribuir con los quehaceres del hogar, en la medida de sus capacidades, no porque los padres lo necesiten, sino por el propio aprendizaje del niño.
Hacer algo por los demás es aprender a relacionarse con otros, es aprender a jugar el juego de la vida, es adquirir una identidad, es hacer algo divertido y ese es el camino para llegar a tener lo que más desea por sí mismo.
Muchos padres se esfuerzan por darles algo a los jóvenes, eso está bien, pero es mucho más placentero ponerle las condiciones para que ellos hagan sus propias aportaciones a la sociedad en tiempo presente.
Si no aprende de chico a darse a sí mismo, difícilmente lo aprenderá de grande.
Muchos padres de familia cometen el grave error de solo darles a los hijos todo lo que desean y necesitan y no les dan el margen para que ellos aprendan a ganárselo.
Con el tiempo se vuelven arrogantes y creen que todo lo merecen a cambio de nada.
La vida real no es así, se tiene que aprender a ganarse la vida por sí mismo, de grande nadie le va a dar algo a cambio de nada.
A esos hijos les va muy bien cuando viven sus padres, pero cuanto estos faltan, ahí empieza el sufrimiento de los hijos.
Muy bien se dice, el exceso de derechos hacen de la persona un tirano y el exceso de obligaciones lo convierte en un esclavo.
De ahí la necesidad de que haya un equilibrio.
Dar y recibir debe ser un tema a tratar en la teoría y en la práctica desde el jardín de niños hasta el nivel profesional.
Deberíamos empezar por crear una nueva constitución que tenga el equilibrio perfecto entre derechos y obligaciones.
Sería ideal que en la carta magna estuviera los derechos y obligaciones del padre de familia, de los hijos, del maestro, del alumno, del empresario y del empleado.
Si todos estos personajes de la sociedad conocieran sus derechos y obligaciones y los aplicaran, no sería necesario un gobierno tan obeso que muchas veces solo estorba al progreso de la sociedad.
Nos ahorraríamos los miles de problemas que hoy tenemos como sociedad.
Más bienaventurado es dar que recibir.
Hechos 20:35

martes, 6 de noviembre de 2012

Voto razonado Obama o Romney EU-2012

Por Jorge Treviño/Agencia MANL
Frente a la elección del próximo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, en México han surgido todo tipo de actividades mediáticas como las encuestas de opinión que intentan definir la preferencia de los mexicanos por alguno de los candidatos Barack Obama del partido demócrata o Mitt Romney abanderado del partido republicano en la tierra del tío Sam.

La mayoría de las encuestas de opinión y las expresiones de los analistas políticos al sur del Río Bravo acotan una predilección de los aztecas por el actual presidente Barack Obama. Sin embargo lo cierto es que para quienes no somos ciudadanos norteamericanos decir que nos va ir mejor con uno o con otro resulta subjetivo.

Veamos pues hacía atrás, en toda la historia de las relaciones México-EU no existe antecedente alguno que marque un beneficio directo a nuestra nación por haber expresado simpatía a favor de partido o candidato republicano o demócrata.

Para nuestros paisanos que viven o sobreviven en territorio gringo, al expresar su preferencia o decir que les conviene más un candidato que otro, están gritando en el desierto, aunque nos duela, hay que reconocer que para el presidente de los Estados Unidos y elites políticas norteamericanas, siempre es y será prioridad cuidar la hegemonía de su nación y si en ello va desplazar la atención de grupos o problemas manejables con métodos a su conveniencia como lo es la reforma migratoria eternamente esperada por los perseguidores del sueño americano.

Es importante saber cómo se desarrollan los acontecimientos electorales en el país más poderoso del mundo pues su economía impacta sobre la nuestra significativamente, pero de ninguna manera podemos esperar que si manifestamos nuestra preferencia por Obama o Romney nos beneficiara.

Este 6 de noviembre de 2012, que voten los gringos, nosotros ya lo hicimos en México el 6 de julio pasado, y aunque prevalece un ambiente de confianza no podemos asegurar que quien gano la elección nos beneficia, eso está por verse.

miércoles, 27 de junio de 2012

Manipulación estudiantil otra vez en elecciones ahora con #Yosoy132

Por Jorge Treviño/Agencia MANL
Como en 1988 y en 2000 lideres cumplen encargos y desaparecen
Previo a los comicios de 1988, surgió en la Universidad Nacional Autónoma de México un movimiento de protesta estudiantil, justificado ante las iniciativas de reforma universitaria promovidas por el Rector de aquel entonces el doctor Jorge Carpizo McGregor, surgió así el Consejo Estudiantil Universitario CEU, que llenara con sus marchas el zócalo capitalino.

También se dijo que era un movimiento espontaneo, libre sin la infiltración de intereses externos pero la verdad es que no ocurrió así, el CEU fue alimentado por recursos provenientes principalmente de grupos de izquierda con poder económico y político como son los sindicatos, legisladores y evidentemente partidos políticos entre otros.

En ese tiempo, sólo tres organizaciones de jóvenes en México eran capaces de convocar a cien mil personas; la Federación de Estudiantes de Guadalajara FEG, los jóvenes católicos y el CEU. Algo que sólo el movimiento estudiantil de 1968 que cimbró al régimen autoritario del PRI viejo lo había logrado.

Los líderes Antonio Santos, Imanol Ordorica y Carlos Imaz movieron, organizaron encumbraron la organización estudiantil muchos jóvenes creyeron en ellos y en la limpieza del movimiento CEU, sin embargo lo último que se supo de ellos como dirigentes es que se fueron a Europa y a otros países según para diseminar la voz ceuista, luego se desvanecieron, antes motivaron a sus noveles seguidores a subir a la escalera para pintar la historia nacional de otro color y estando arriba les quitaron la escalera.

Luego surgió otro movimiento en 1997-1999 también en la UNAM y secundado en el IPN, los lideres Oscar moreno y el “Mosh”, ambos con sueldo, tomaron la UNAM el gobierno federal los desalojo y se esfumaron de pronto, los miles de simpatizantes quedaron a la deriva ellos ya habían cumplido con su encargo político.

Esos dirigentes estudiantiles no sufrían para realizar sus actividades de protesta todo les era proveído, pintura, propaganda impresa, transporte sonido, comida y un sueldos, sí, todos cobraban incluso en la propia UNAM, después por mera casualidad varios integrantes de la izquierda universitaria asumieron cargos directivos.

Extraña espontaneidad como la que ocurrió en la reunión nacional de #YoSoy132 efectuada en las “Islas” de ciudad universitaria de la UNAM, en unos cuantos días se juntaron representantes estudiantiles de casi un centenar de universidades del país. Recordemos que en 1988 la FEG de Guadalajara y otras importantes organizaciones, tardaron más de dos años en concretar el mayor esfuerzo de unidad estudiantil nacional posterior a 1968, la Coordinadora Nacional de estudiantes Mexicanos, la CNEM, con reconocimiento ante la Unión Internacional de Estudiantes.

Ahora ha surgido grupo de muchachos que no debemos cuestionar en sus ideas pero sus acciones dejan de lado la legalidad repitiendo los mismos patrones de utilitarismo político, no contra un personaje y lo que representa sino a favor de quien con gran habilidad aprovecha cada comentario, idea, actividad de ese movimiento llamado #YoSoy32.

La intolerancia, el protagonismo, la manipulación la agresividad, la cerrazón el sectarismo, la violencia y los recursos económicos son elementos que no cabe duda no les faltaron en 1987, en el 2000 ni les faltan hoy.

El movimiento #YoSoy132 ya cumplió con su aportación al proceso democratizador del México contemporáneo, despertó a una juventud adormilada, los iniciadores son personas conscientes por lo menos así parece la formación en la Universidad Iberoamericana donde surgieron, y su interés está más enfocado a incorporarse a la vida profesional que a la dirigencia estudiantil.

Sigue ahora entonces la malvada inversión post electoral de los oportunistas, #YoSoy132

viernes, 2 de marzo de 2012

Picando la Salsa: "Corrupción en la Política"

Por David Esquivel/Agencia MANL

Hay mucho odio; resentimiento, e incapacidad mezclados en la lucha contra los narcotraficantes, específicamente, porque los narcotraficantes podrían segregarse del resto de lo que el Código penal considera como delincuencia organizada, aún cuando por la misma ley son considerados delincuentes y por lo mismo lo son sin acotamientos, mientras la producción, transportación y distribución de drogas no se despenalicen; sin embargo, cuanta culpa tiene el sistema de gobierno para que ellos se conduzcan con tanta crueldad, que provoca el resentimiento social de la ciudadanía hacia las dos partes enfrentadas, porque el ciudadano no sólo reciente el daño colateral ocasionado por los narcos, sino también, el producido por el gobierno en su lucha capaz de combatir; pero incapaz de vencer mientras haya motivos para que más y más personas se sumen a las filas “narcas”, porque, el gobierno, combate contra personas en lugar de combatir las razones que provocan que ésas personas se vayan a las filas del narcotráfico y al uso de las drogas.

Evidentemente, entre los delincuentes hay consuetudinarios depredadores por naturaleza y holgazanes que no les gusta trabajar; y otros que de plano la necesidad los arrastró a delinquir, los tres tipos conforman las filas de los narcotraficantes; pero la mayoría son personas obligadas por la necesidad, la falta de oportunidades de trabajo con salarios justos y el resentimiento provocado porque, a pesar de trabajar las ocho horas reglamentarias, viven como parias o con el bendito en la boca agobiados por satisfacer las necesidades primarias para mantener a sus familias; mientras, frente a sus narices, pasan lujosos autos tripulados por políticos y servidores públicos que desayunan, almuerzan y cenan en caros restaurantes, visten buena ropa, los acompañan bellas mujeres; tienen sirvientes asesores y lujosas oficinas, entre otros privilegios pagados a costa del erario bajo el rubro de gastos de representación personal, que les deja libre de polvo y paja el estratosférico salario que ganan; más el diezmo producto de la corrupción y los negocios chuecos hechos a la sombra del gobierno sin que, en la práctica, nadie los llame a cuentas o los enjuicie, aún cuando sus conductas están tipificadas como delitos en los códigos penales; la impunidad que gozan y la ostentosidad que lucen ante los jodidos muertos de hambre provoca que también ellos, los muertos de hambre, quieran hacerse de dinero fácil y ricos los más pronto posible, y la alternativa la ven en el narcotráfico, aunque en el intento les vaya la vida; es ”preferible a vivir como pobre guey”, trova un narcocorrido.

La falta de empleos; oportunidades para vivir dignamente; la explotación; el engaño de que son objeto y la impunidad con que delinquen los políticos servidores públicos son el caldo de cultivo que alimenta al ejército del narco, engrosado por resentidos sociales, delincuentes consuetudinarios; y personas ambiciosas de poder y dinero y, además, gente sin trabajo; mientras no se combatan estas causas el gobierno no podrá ganar su guerra contra el narcotráfico; nada más para citar un ejemplo hay que ver lo revelado por un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), según el cual, los jóvenes de mayor preparación académica son el sector más golpeado por el desempleo en México, pues muestra que 66 por ciento de ellos laboran en la informalidad, lo que los convierte en más pobres y vulnerables; no es casualidad, pues, que, la mayoría, de combatientes del narco y consumidores de droga sean jóvenes, unos para ganar dinero y los otros para ahogar su frustración ante la falta de oportunidades.

Cambiar las inclinaciones naturales del instinto criminal de los delincuentes es, casi, por no decir totalmente imposible, si fuera posible modificarles la conducta bastaría con las cárceles y la ignominiosa vida que dentro de ellas viven los penados; al gobierno no le queda más que encerrarlos y mantenerlos a costa del erario; es irónico que se gaste más en casa comida y sustento para los presos, de 128 a 150 pesos diarios, que en apoyo a los estudiantes universitarios, alrededor de 35 pesos al día y menos se invierta para los escolapios de educación básica, en la cual los padres salen poniendo.

Pretender que los políticos renuncien a sus estratosféricos salarios, canonjías y privilegios se antoja, también, casi imposible; pero podrían moderarse hasta el grado que la ciudadanía los acepte, porque, finalmente, la cosa pública es un trabajo difícil y sería tonto querer que los servidores públicos anduvieran andrajosos, muertos de hambre y vivieran de prestado, nada más para no despertar envidias entre los marginados, resentidos sociales o ambiciosos; lo que molesta es el abuso, el hartazgo y la impunidad con que se mueven ante millones de pobres, que cada día son más en lugar de ser menos; molesta que hagan de la política una actividad depredadora para hacerse ricos fácil y deshonestamente a costa del erario, en lugar de resignarse a vivir en la modesta medianía que les permite su salario, como lo postuló en su tiempo Don Benito Juárez; los dos casos son salvables si se aplicara cárcel a los delincuentes, incluidos los políticos corruptos, y modestos salarios para quienes trabajan en la cosa pública; sin embargo, se hace difícil superar la situación de marginalidad en que viven millones de mexicanos, porque se les niegan mejores condiciones de vida y son excluidos de la riqueza nacional; no obstante, sacarlos de la pobreza y del peligro de caer en las redes del narcotráfico si es posible, si el gobierno quiere, sólo basta con que haya un reparto más justo de la riqueza, para lo cual es necesaria buena voluntad política y sentido social justo del ejerció de gobierno a favor de los necesitados, pobres, trabajadores, obreros, campesinos y empleados de clase media, quienes actualmente sólo ven pasar la riqueza entre las manos de quienes integran las mafias políticas, altos líderes y empresarios que engañan, manipulan y explotan, respectivamente, a sus gobernados, representados y trabajadores, muchos de los cuales ven en las filas del narcotráfico una posibilidad de salir de jodidos aunque tengan que enfrentarse cara a cara con quienes depredan la cosa pública sin que haya quien les aplique la ley, a los políticos, porque ellos hacen las leyes y las aplican a su discreción.

Los Narcos son delincuentes; pero, qué son los políticos corruptos que han corrompido al pueblo al grado de hacerlo creer que la corrupción es el único camino para la convivencia social, arreglar asuntos y hasta para elegirlos en cargos públicos.

Comprar votos; repartir despensas en tiempo de elecciones; pedir injustificadamente la credencial de elector, entre otras acciones, son delitos electorales tipificados en la Ley Electoral; desviar o hacer mal uso de los recursos públicos son delitos penados en la Ley de Responsabilidades Para Los Servidores Públicos; y así, una tras otra podría citar las leyes violadas por muchos políticos y servidores públicos delincuentes en flagrancia ¿acaso no son también delincuentes? Delincuente es quien comete delito, violar las leyes arriba citadas es delito, luego entonces, los políticos que las quebrantan son delincuentes; no obstante, se diferencian de los narcos, porque mientras estos se la rifan ahora si, a valor mexicano, los políticos están hechos del poder político constitucional, y de los garantes del mismo: Ejército y policías para combatir a los otros depredadores, entre ellos los narcos, la mayoría obligados a ser delincuentes porque se sienten excluidos, sin oportunidades de desarrollo o, simplemente, no tienen trabajo , lo cual los impulsa a morir de pie que vivir de rodillas o “como un pobre diablo”, según dice el verso. Nada justifica delinquir, pero, ante la necesidad y el hambre, qué hacer si los gobernantes no son justos ni ven por sus gobernados, sino sólo por ellos mismos, sus familias y secuaces.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Izquierda Conservadora.

Por Elios Edmundo Pérez Márquez/Agencia MANL

A la caída del muro de Berlín, en 1989, alguien decretó que había llegado el fin de las ideologías y la Izquierda, incluido el PRD, se la creyó.
De pronto, así, de facto, quedaban sepultadas las aspiraciones y las esperanzas de todos los pueblos que, a lo largo de su historia, han luchado contra la tiranía, por la libertad y por alcanzar mejores niveles de bienestar ya que, a fin de cuentas, la historia de la humanidad, es la historia de la lucha de clases.
A partir de entonces, en nuestro país, todos los partidos empezaron a circular por la misma vía; una especie de supercarretera, cuya construcción y puesta en marcha, implicó importantes modificaciones a la Constitución y un gasto gigantesco que, a los contribuyentes, les costaba una barbaridad; tal vez era por eso que, quisieran o no quisieran, todos los partidos tenían que usar esa superautopista, a pesar de que nunca se terminaba de construir y, por lo regular, siempre estaba en muy estado, congestionada y había que pagar peaje.
Pero la ley es la ley, y nadie la debe desacatar. Por lo tanto, nadie podía circular por caminos alternos, buscar atajos y, mucho menos, irse por la libre; so pena de ser sancionado por la patrulla de caminos que, inevitablemente, detenía al que pretendía rebasar por la izquierda, pero se hacía de la vista gorda con los que rebasaban por la derecha o con los que, simplemente, circulaban por ahí, sin ir a ninguna parte, estorbando, zigzagueando y retrocediendo, nada más para consumir el combustible y justificar el gasto.
En ese orden de ideas, los gobernantes en turno, amos y señores de las autopistas, que manejaban grandes vehículos, enfrentaban a una oposición que, aunque circulaba por la izquierda, no rebasaba ni se salía de su carril, respetaba los límites de velocidad y los señalamientos, y contaba con el visto bueno de la patrulla de caminos; una izquierda, dócil y educada, respetuosa del reglamento, con sus papeles en regla, licencia para conducir, tarjeta de circulación, y hasta verificación y tarjetón.
La izquierda, heredera de los grandes movimientos sociales en nuestro país, seguía siendo oposición, pero una oposición a modo, es decir, una oposición que respetaba las reglas del juego y no se brincaba las trancas: no pretendía tomar el cielo por asalto.
Era una izquierda que nos traía a la memoria la imagen del burrito persiguiendo a la zanahoria: corría y corría sin descanso, pero nunca alcanzaba a la zanahoria. Sin embargo, su esfuerzo, que no le servía para alcanzar la zanahoria, sí servía para mover la piedra del molino; dar, al exterior y al interior, una imagen falsa y justificar un oneroso gasto.
Por otra parte, al no tener un destino definido, los competidores de izquierda, pilotos improvisados en el difícil arte de la conducción, circulando por esos sinuosos caminos asfaltados, como decía José Alfredo Jiménez, descubrieron “que no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar” aunque, por si acaso, “nunca pasaban por Salamanca, porque ahí le hería el recuerdo”, es decir, que era mucho más redituable circular y circular, llenar y volver a llenar el tanque de combustible, subir y bajar pasaje, pero sin llegar, nunca, a ningún lado.
Dicho de otra manera, allá por 1977, el sistema político mexicano, autoritario por naturaleza y sumido en una profunda crisis de credibilidad, inventó la Reforma Electoral; para lo cual, aprovechó el talento de uno de sus mejores ideólogos de aquel entonces: Jesús Reyes Heroles, quien fue el encargado de elaborar la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE), para permitir la participación de los partidos políticos y, de ahí para acá, ha venido ese constante reacomodo de las distintas fuerzas políticas que subsisten gracias a las prerrogativas que reciben por parte del Instituto Federal Electoral; siempre y cuando se conduzcan dentro de la reglamentación vigente, sin intentar dar de patadas al pesebre ni hacer muchas olas, pero con una ventaja: en caso de no obtener el triunfo, se harán acreedores a un premio de consolación.
Era evidente que un sistema político autoritario que, contra viento y marea, había prevalecido por más de sesenta años, no se iba a poner la soga al cuello pero, también, tenía que dar, hacia el exterior, una imagen de apertura y competitividad partidaria y, hacía el interior, abrir algunas válvulas de escape por el descontento popular de las mayorías que, poco a poco, iban encontrando nuevas formas de organización.
Esa Reforma Política del 77, le otorgó el registro tanto a Marxistas-Leninistas, como a Cristeros y Sinarquistas, y otros, incluidos liberales y nacionalistas. Con esto, los convirtió en entidades de interés público y los encaminó por un solo carril; los sacó de la clandestinidad y les dio la posibilidad de acceder a los cargos de representación popular, generar su propia burocracia y percibir grandes apoyos, en efectivo y en especie, y la izquierda perdió su verdadera esencia.
Luchadores sociales que, en los años 60s y 70s optaron por la vía armada o encabezaron importantes movimientos campesinos, estudiantiles, magisteriales, laborales y sociales; por el derecho a la tierra, a la educación, al trabajo y la vivienda, por lo cual, padecieron la persecución o la cárcel, de pronto, se vieron inmersos en la maraña electoral, administrando un edificio arcaico; elaborando un padrón de afiliados; imponiendo una sanción o disputando una curul, dejando de lado las demandas sociales que abanderaban, olvidando los principios en los que creían y posponiendo los ideales.
Las siguientes Reformas, sirvieron para reforzar lo ya establecido y quedó claro que, para tomar el poder, sólo hay una vía y una sola ley, y es, a los partidos políticos nacionales con registro, a los que les corresponde realizar esa tarea. A nadie más.
Para el próximo 2012, no hay partido político que tenga claro cómo combatir la desigualdad, ni que intente desafiar al capital e imponer la fuerza del Estado y, mucho menos, que pretenda transformar el actual sistema político y económico que impera en nuestro país.
Por otra parte, el PRD, en tanto entidad de interés público, está obligado a respetar la Ley y, a pesar de sus divisiones internas y falta de institucionalidad, competir en esas elecciones; sus dirigentes, tienen la obligación, política y moral, de ofrecer una alternativa a tanta gente que le ha brindado su apoyo y mira, con escepticismo cómo, en teoría, los perredistas se dicen abanderados de las mejores causas pero, en los hechos, repiten los mismos esquemas del peor PRI del que se tenga memoria.
Incluso, se puede decir que, con el tiempo, la Izquierda institucionalizada se alienó al viejo sistema que decía combatir, ya que, sin duda, en la actualidad, existe un gran parecido entre el PRD y el PAN; tal y como antaño, lo había entre el PAN y el PRI: oposición, pero sin tomar el poder, competir, pero no para ganar; que todo cambie, para que todo siga igual.
Los Diputados de la oposición, otrora combativos, preparados, adoctrinados; conscientes del papel histórico que les tocaba jugar y los principios que defendían, usaban la tribuna más alta de la nación, para dar la batalla por las reivindicaciones de un pueblo sometido; hoy, con honrosas excepciones, son más una caricatura, que verdaderos representantes populares del mismo pueblo que, en 22 años de vida que tiene el PRD, no ha visto mejoras sustanciales en su forma de vida y sí, en cambio, en la vida de lo que se dicen sus representantes.
Imposible negarlo. Hoy, para ser Senador, Diputado o Regidor del PRD, no hace falta preparación, ni política, ni académica; no hace falta compromiso partidario, principios, ideología, honestidad, ni valentía; no importa la trayectoria, la experiencia, la capacidad, basta con ser incondicional de algún jefe de los grupúsculos que detentan el poder al interior del Partido.


En el 2012 la Izquierda se juega su destino, el destino de un pueblo que nunca ha dejado de luchar: el pueblo de México. Hasta el día de hoy, la consigna para la Izquierda ha sido: “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Esto no puede seguir así; ahora, se trata de disputar, al PRI y al PAN, el territorio, el poder político, el futuro de la Nación y no olvidar que el PRD es el resultado de la lucha de varias generaciones; que costó la vida de cientos de compañeros; que, los que ganaron cargos de representación popular el 2006, los ganaron gracias a un efecto, en la mayor votación que ha obtenido la Izquierda en toda su historia y que, esos que ganaron en el 2006, no ganaron en el 2009.
El último Congreso Nacional del PRD no arrojó ningún resultado positivo, ni dejó ninguna muestra de cambio sustancial en sus estructuras, sino que, como siempre, quedó claro que los grupos y corrientes, tienen la intención de mantener sus cuotas de poder y el control de un “aparato” ya muy desgastado y desprestigiado ante los ojos de la sociedad; sobre todo, si tomamos en cuenta que, más destacable de ese Congreso fue el descomunal gasto de 12 millones y medio de pesos.
Por cierto: la lucha de clases, existe; con la novedad de que el gran capital, va ganando y los desposeídos de siempre, van perdiendo, y por goliza.

eliosedmundo@hotmail.com

viernes, 15 de abril de 2011

MUCHOS AÑOS DESPUÉS…II PARTE Y ULTIMA

Por Elios Edmundo Pérez/Agencia MANL

Todo iba bien. Heberto respondiendo ampliamente a las preguntas que le hacían Gabo y Bernardo, mientras yo, experto en la materia, accionaba el disparador de la cámara, intentado captar las mejores imágenes.

Y, entonces, sucedió. De pronto, como si se me hubiera revelado un gran secreto largamente guardado, me di cuenta de que me encontraba en presencia de uno de los personajes más enigmáticos del siglo XX: el hijo del telegrafista de Aracataca; el esposo de Mercedes; el amigo personal de Fidel Castro, de Pablo Neruda, Carlos fuentes y Julio Cortázar; el enemigo declarado de Pinochet: un escritor fuera de serie; precursor del realismo mágico latinoamericano; autor de una novela, publicada en 1967, que había marcado a toda una generación, de éste y del otro lado del planeta: una novela grandiosa, llena de magia y alegorías, y que, según él mismo decía, “sin saber por qué, se seguía vendiendo como salchichas”.

Me puse muy nervioso. Era demasiado para mí. En efecto, en aquel entonces, Gabriel García Márquez era tan popular como un futbolista, como un boxeador o un beisbolista, y su presencia en lugares públicos ocasionaba tumultos. Todo hijo de vecino, que se respetara a sí mismo, tenía que haber leído ya, alguno de sus libros. Los medios de comunicación, la prensa, el radio, la televisión, lo querían entrevistar; todo lo que decía era noticia. Los directores de cine, de todo el mundo, querían comprar los derechos de sus obras para hacer películas; los actores y actrices querían interpretar sus personajes; los nuevos escritores querían escribir como él, y todo el mundo quería leer sus libros. Y eso que llevaba varios años sin publicar.

Era demasiado privilegio para mí, un joven fotógrafo de 25 años, que en 1969 había leído, por primera vez, Cien Años de Soledad; un libro que, como a todos los jóvenes de mi generación, además de marcarnos, nos hizo voltear hacia nuestros pobres países, llenos de historias y leyendas, de tradiciones y costumbres; una espléndida novela que, veinte años después, este servidor, convertiría en un cuento infantil y se lo contaría mis hijos para que tuvieran una idea, poética y aproximada, de cómo se inició el mundo.

Y eso no fue todo. Terminada la entrevista, García Márquez me preguntó si podía tomar unas fotografías a los otros personajes que entrevistaría. Claro que acepté y, además del ingeniero Castillo, tuve el gusto de retratar a Theotonio Dos Santos, economista brasileño; a Pedro Vuskovic, ministro de economía en el gobierno de Salvador Allende, y a Valentín Campa, candidato del Partido Comunista Mexicano (PCM) a la presidencia de la República, en 1976.

La memoria es caprichosa. A veces, nos permite recordar cosas que ya creíamos olvidadas para siempre y, otras veces, nos hace olvidar cosas que siempre quisiéramos tener presentes. Tengo muy presente el día que llegué a entregar mis fotografías. Lo tengo muy presente porque, además de que me pagaron un buen dinero por ellas, me enteré de la verdadera razón por la que, dos años antes, sin motivo aparente, Mario Vargas Llosa propinó un puñetazo en pleno rostro a su hasta entonces amigo Gabo, y le dejó el ojo morado.

Por si esto fuera poco, fue la primera vez que escuché el relato de unos niños que, por las noches, dentro de su casa, navegaban en una canoa y, un día, amanecieron ahogados en un océano de luz. He leído muchas veces el cuento “La luz es como el agua”, que se publicó como 20 años después. Sin embargo, a mí, me gusta más, me suena más, tal y como lo escuché aquella noche en voz de su autor, pero esa… es otra historia, al igual que los comentarios que GGM me hizo, después ver mis fotografías.

Considero un buen momento hacer este relato por el homenaje que se rinde en Bellas Artes al entrañable Gabo; porque sigue vivo y fructífero y porque, hoy más que nunca, “Cuánto Heberto falta para tan maltratada nación”. Sí. Por la literatura, la congruencia y la libertad de expresión (y, si me lo permiten, por la fotografía).


eliosedmundo@hotmail.com

sábado, 2 de abril de 2011

MUCHOS AÑOS DESPUÉS…I PARTE


Por Elios Edmundo Pérez Márquez/Agencia MANL

Conocí a Gabriel García Márquez, allá por 1978 cuando, en su calidad de periodista, visitó las oficinas del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), ubicadas en el octavo piso de Bucareli 20. Venía acompañado de Bernardo García, editor en jefe de “El Manifiesto de Colombia”, quien había llegado a México para realizar una serie de entrevistas con algunos personajes relevantes de la vida política latinoamericana; algunos, nacionales y otros que, por diversas razones, vivían en nuestro país.

Radicado aquí desde hacía mucho tiempo, conocedor del entramado político mexicano y, según lo dijo en el transcurso de la entrevista, fue el propio García Márquez quien sugirió a Bernardo García que entrevistaran a Heberto, ingeniero, inventor, articulista del diario Excélsior, preso político por su participación en el movimiento estudiantil de 1968 y quien, junto con otros luchadores sociales, había impulsado la creación y era Presidente del PMT, un partido nacionalista, de auténtica oposición, “capaz de dirigir a los explotados en la histórica lucha contra sus explotadores”.

Además, por esos tiempos, Heberto había impulsado la defensa de nuestros recursos naturales, especialmente, el petróleo, y sostenía un fuerte debate con funcionarios del gobierno de ese entonces, basado en una teoría que, a la fecha, sigue vigente: “el petróleo crea riqueza donde se consume, no donde se produce”. Esos razonamientos, aunados a la brillante trayectoria del ingeniero, habían conmocionado a la opinión pública nacional y le habían traído un amplio reconocimiento internacional.

Era un entrevista secreta, pactada a las siete de la noche pero, como suele suceder en estas situaciones, alguien se fue de la lengua, la información se filtró y muchos nos enteramos; particularmente, Rodolfo Torres y yo quienes, al filo del mediodía, nos dimos a la tarea de visitar alguna librería del centro, para comprar un libro de Gabriel García Márquez, esperando obtener un autógrafo pero, por increíble que parezca, nos costó mucho trabajo encontrar uno.

Visitamos las viejas librerías de las avenidas Hidalgo, Juárez y San Juan de Letrán; las calles de López, Dolores y Villalongín, pero nada. No había un solo libro de GGM, ni nuevo ni viejo y, quién sabe por qué, pero la Librería de los Trabajadores, ubicada en la calle de Independencia, se encontraba cerrada y las Brigadas que, todos los días, nuestros compañeros instalaban alrededor de la Alameda Central, esta vez, no estaban. Y fue hasta una pequeña librería de Balderas, cuando ya veníamos de regreso, muy desilusionados, donde conseguimos dos ejemplares del “Relato de un Náufrago”; los compramos y regresamos a toda carrera, porque ya era muy tarde.

El caso es que, mucho antes de la siete de la noche, Rodolfo y yo estábamos apostados en el sexto piso de Bucareli 20, junto al elevador, a la espera de nuestro distinguido visitante, con nuestro libro bajo el brazo, para recibir el valioso autógrafo. Por supuesto, no éramos los únicos. Veladamente, algunos dirigentes del PMT y uno que otro militante, se asomaban de cuando en cuando, para ver si ya había llegado y, por lo menos, saludarlo y estrechar su mano.

Heberto Castillo Martínez, ingeniero de profesión, veracruzano de origen, revolucionario por convicción, casado, padre de cuatro hijos, llegó puntual a la cita y no le extrañó la presencia de tanta gente. Aunque lo hubiera querido ocultar, la visita de tan distinguido personaje inundaba el ambiente: olía como a guayabas.
Tampoco le extrañó verme con la cámara fotográfica colgada al cuello. Además de tener mi trabajo, yo era el fotógrafo oficial y responsable de distribuir la revista Insurgencia Popular, órgano de difusión del PMT, y ahí, en el octavo piso, teníamos montado un cuarto oscuro para revelar fotografías en blanco y negro.

Minutos después, con botas, pantalón y suéter negros, y una chamarra a cuadros negros y rojos, llegó Gabriel García Márquez, acompañado de Bernardo García, y saludaron de mano a todos los presentes, mientras yo activaba la cámara e intentaba captar el rostro sonrojado de Eduardo Valle, el Búho; la sonrisa de oreja a oreja de Rodolfo y las actitudes nerviosas de todos los demás. Me extrañaba no ver a Moscoso, a José Luis, a Flora y Saúl, a Lalo, al doctor Pineda, ni a Alfonso Rodríguez. Seguro que estarían encantados. No cabía ninguna duda: “de lo que se estaban perdiendo” y, después, lo iban a lamentar mucho.

Me acerqué a García Márquez y le entregué el ejemplar del “Relato de un Náufrago”, para que me concediera un autógrafo y, en su sonrisa franca y fresca, descubrí que, en efecto, ver que sus libros eran leídos por jóvenes como Rodolfo y yo, le producía una emoción que, sólo quien tiene el oficio de escritor, puede sentir.

Seguí tomando fotos y, cuando el ingeniero saludó a Bernardo García, Gabo se acerco a mí y me preguntó si era posible que yo permaneciera durante la entrevista, para tomar unas fotografías de Heberto. Por supuesto, dije que sí, pero lo consulté con el ingeniero, quien aceptó de buen grado que yo estuviera presente en la entrevista; mas no así con Rodolfo, a quien dirigió una severa mirada cuando intentó colarse, y no le quedó más remedio que desistir de su intento.

La entrevista transcurrió sin contratiempos, con un Heberto certero, fluido, ameno, enciclopédico; un Gabo, atento, cordial, afable, extremadamente sencillo, y un Bernardo, alegre, contentísimo, pendiente de la grabadora y de dónde tenía que tirar la ceniza de su cigarrillo, pues era el único que fumaba y no había un cenicero.

La fotografía, decía mi inolvidable maestro Jorge Ríos, es magia. Aunque, prácticamente, todo ya ha sido fotografiado, lo que hay que hacer es fotografiarlo desde otro ángulo, una y otra vez. Todo se puede hacer con la fotografía; escribir con la luz y con las sombras: el crepúsculo y el amanecer, el nacimiento de una flor, el vuelo de un ave, la sonrisa de una mujer, el primer paso de un niño, una lágrima de adiós, una mirada furtiva.

Gabriel García Márquez, colombiano, escritor, casado, padre de dos hijos, tenía exactamente la edad que representaba: 51 años cumplidos: uno más que Heberto Castillo y, sin embargo, se veía mucho más joven. Y es que la cárcel y la tortura, aunque fortalecen el espíritu, acaban con el físico de cualquiera. Y esas dos edades las captó una fiel Pentax, en las fotografías que se publicaron en El Manifiesto de Colombia, y en una que, medio rota y maltratada, sobrevivió y fue rescatada de entre los escombros de Bucareli 20, luego de los sismos de septiembre de 1985, y que el día de mañana se publicará en este mismo espacio.


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